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El Semanal - Domingo, 4 octubre 1998

PERROS E HIJOS DE PERRA


por Arturo Pérez-Reverte

 

Después de que un pit bull-stadford matase a una mujer en Las Palmas, leí varios reportajes sobre perros de presa. Uno es de Francisco Perejil, joven escritor de novela negra y tal vez el último gran reportero de sucesos de este país, de esos capaces de mezclar sangre con tinta y alcohol; un fulano que merecería plomo de linotipias y teclazos de Olivetis en vez de oficio aséptico, mingafría y políticamente correcto en que algunos han convertido el periodismo, con libros de estilo que dicen La Coruña sin ele y becarios que aspiran a ser editorialistas o corresponsales en Nueva York.

 

El reportaje de Perejil contaba cómo criadores sin escrúpulos y apostadores clandestinos, alguno de los cuales se anunciaba en revistas especializadas y montan sus negocios ante la pasividad criminal de las autoridades, organizan peleas de perros. Cuenta Perejil la crueldad de entrenamiento, las palizas y vejaciones que les inflingen para convertirlos en asesinos; cómo empiezan a probarlos contra otros perros desde que son cachorros de cuatro meses y cómo algunos mueren tras aguantar peleas de hora y media.

 

Pero el reportaje, que era estremecedor, no me impresionó en su conjunto tanto como la frase del texto: " El perro, si ve que su amo está a su lado, lo da todo". Y, bueno. Algunos de ustedes saben que la vida que en otro tiempo me tocó vivir abundó a veces en atrocidades. Quiero decir con eso que tampoco el arriba firmante es de los que ven un mondongo y dicen ay. Tal vez por eso el horror y la barbarie me parecen vinculados a la condición humana, y siempre me queda el consuelo de que el hombre, como única especie racional, es responsable de su propio exterminio; y que al fin y al cabo no tenemos sino lo que nos merecemos, o sea, un mundo de mierda para una especie humana de mierda.

 

Pero resulta que con los animales ya no tengo las cosas tan claras. Con los niños también me pasa, pero la pena se me alivia al pensar que los pequeños cabroncetes terminarán, casi todos, haciéndose adultos tan estúpidos, irresponsables o malvados como sus papis. En cuanto a los animales, es distinto. Ellos no tienen la culpa de nada. Desde siempre han sido utilizados, comidos y maltratados por el hombre, al que muchos de ellos sirvieron con resignación, e incluso con entusiasmo y constancia. Nunca fueron verdugos, sino víctimas. Por eso su muerte sí me conmueve, y me entristece. Respecto a los perros, nadie que no haya convivido con uno de ellos conocerá nunca, a fondo, hasta dónde llegan las palabras de generosidad, compañía y lealtad. Nadie que no haya sentido en el brazo un hocico húmedo intentando interponerse entre el libro que estás leyendo y tú, en demanda de una caricia, o haya contemplado esa noble cabeza ladeada, esos ojos grandes, oscuros, fieles, mirar en espera de un gesto o una simple palabra, podrá entender del todo lo que me crepitó en las venas cuando leí aquellas líneas; eso de que en esas peleas de perros, el animal, si su amo está con él, lo da todo.

 

Cualquiera que conozca a los perros sentirá la misma furia, y el mismo asco, y la mala sangra que yo sentí al imaginar a ese perro que sigue a su amo, al humano a quien considera un dios y por cuyo cariño es capaz de cualquier cosa, de sacrificarse y de morir sólo a cambio de una palabra de afecto o de una caricia, hasta un recinto cercado con tablas y lleno de gentuza vociferante, de miserables que cambian apuestas entre copa y copa mientras sale al foso otro perro acompañado de otro amo. Y allí, en el foso, a su lado, con un puro en la boca, oye al dueño decirle: " Vamos, Jerry, no me dejes mal, ataca, Jerry, ataca, duro, chaval, no me falles, Jerry". Y Jerry, o como diablos se llame, que ha sido entrenado para eso desde que era cachorrillo, se lanza a la pelea con el valor de los leales, y se hace matar porque su amo lo está mirando. O queda maltrecho, destrozado, inválido, y obtiene como premio ser arrastrado afuera y que lo rematen de un tiro en la cabeza, o que lo echen, todavía vivo, a un pozo con un trozo de hierro atado al cuello. O termina enloquecido, peligroso, amarrado a una cadena como guardián de una mina o un oscuro almacén o garaje.

 

Así que hoy quería decirles a ustedes que malditos sean quienes hacen posible que todo esto ocurra, y que mal rayo parta a los alcaldes, los policías municipales y los guardias civiles y a todos los demás que lo saben y lo consienten. Y es que hay chusma infame, gentuza sin conciencia, salvajes miserables a quienes sería insultar a los perros llamar hijos de perra.

 

 

 

El Mundo - 21 de mayo de 2002

 

Gatos isabelinos

 

Francisco Umbral

 

Con esto de gatos isabelinos no quiero decir que haya una raza de gatos en forma de consola, aunque también sería bonito, porque los ojos de mi gata son espejos de Siam. Se refiere uno sencillamente a esas tribus de gatos que vengo observando y nutriendo desde hace treinta años, en la calle de Cea Bermúdez, o sea los famosos gatos del Canal de Isabel II, que han estado siempre allí, aquí, como en la ONU de los gatos. La Administración, de nuevo, quiere acabar con los gatos.
 

Yo llamo a rebato a todas las señoras de Madrid que diariamente dan de comer a los isabelinos gatos de la Villa. Arturo Canalda, gerente del Canal, ordena desalojar a los gatos y ya se han retirado las casetas que puso para ellos Mayor Oreja. Protestan las asociaciones de la defensa del animal, se encrespan contra el gerente de la cosa y hay centenares de correos electrónicos que llegan desde Estados Unidos, Canadá, Francia y Argentina, y de toda la geografía española. Canalda reconoce que esto se ha convertido en un problema porque hay gente que se deshace de sus gatos tirándolos por la valla, con lo que se reúnen ahora casi un centenar de félidos o felinos, muchos de ellos enfermos. «Se trata de evitar riesgos», dijo a Efe.

 

Lo cual que tenemos a medio mundo sensibilizado a favor de los gatos isabelinos, que nos esperan todas las tardes, en la esquina de Cea Bermúdez y Santa Engracia, para desayunar y darnos los buenos días. Nuestros gatos tienen mejores relaciones internacionales que nuestro Gobierno. Los nuevos medios de comunicación se han movilizado en seguida por los gatos españoles como no se movilizarían por nuestro Gobierno, por nuestros terroristas ni por nuestras mujeres maltratadas. A uno esta sensibilización hacia el gato, hacia los animales en general, hacia la globalización, le parece más optimista y eficaz que la sensibilización globalista y política, que es artificial y globaliza más a unos que a otros. Incluso los hay que nos quedamos dentro de la pequeña burbuja doméstica oyendo un disco viejo de Sinatra, que cantaba mejor que Rosa, pero nunca ganó Eurovisión, porque le hubiera dado mucho asco.

 

La sensibilidad del hombre debe principiar en el niño y madurar en el adulto. Amo Madrid, pero no me sirve esta ciudad que tiene tribus de gatos en lánguidas o encrespadas reservas, muriendo de leucemia felina mientras la autoridad no se aclara. Pido una manifestación por los gatos de Isabel II, y esto no se contradice con las huelgas de reglamento. José Luis García Sánchez, el genio que creció a la sombra de Rosa León, ha dicho agudamente que ya no hay izquierda porque los pobres no se juntan. Tampoco hay sociología ecológica porque los ecologistas no se juntan lo suficiente.La esquina más conflictiva de Madrid es la que he señalado hace un momento, con sus gatos maullantes, inteligentísimos. En muchas exploraciones prehistóricas se descubren animales domésticos.Aquellos hombres de piedra o bronce que se entendían con el gato o el perro eran mucho más adelantados que nosotros. Después de siglos, hay en Madrid peleas de perros con apuestas y premio, siempre sobre la cláusula de que uno de los perros muera. El animal es un signo de nuestra propia existencia. Si matamos al gato/signo, la Humanidad se está suicidando.

 

 

 

El País

 

PERROS

 

ROSA MONTERO

 

Abundan más entre las personas los mostruos que entre los perros los ejemplares asesinos; hay más probabilidades de toparnos con un violador que con un can mortífero

 

Estoy harta del aluvión de noticias truculentas que estamos sufriendo últimamente. Estoy desesperada al ver que el tema se ha convertido en un tópico periodístico, en una noticia morbosa con la que despertar miedos irracionales y casi mágicos en las personas: "¿Pero qué les está pasando a los perros? ¿Hay una conjura, una maldición, es una señal apocalíptica, se están rebelando?"

 

No, no se están rebelando: siempre hubo algún accidente de este tipo, desde que el mundo es mundo. Lo que pasa es que antes la noticia no llegaba a los periódicos, y si lo hacía, no era tratada con el vicioso mimo y la relevancia que ahora le aplicamos. Un perro puede atacar; puede defenderse violentamente si es hostigado, y puede equivocarse a la hora de dirigir su rabia y su venganza. Por otra parte, un perro puede volverse loco, como se vuelven locas las personas. Pero si tomamos en cuenta la masa de población canina, los incidentes son mínimos. Como es obvio, hay un porcentaje mucho mayor de humanos criminales. Y me estoy refiriendo tan sólo a los delincuentes declarados, a los que matan, a los que violan, a los terroristas. Abundan mucho más entre las personas los monstruos de ese tipo que entre los perros los ejemplares asesinos; o sea, hay más probabilidades de toparnos con un violador que con un can mortífero.

 

Y estoy poniendo tan sólo ejemplos muy extremos; porque si hablamos de la brutalidad común, de la maldad feroz de andar por casa, entonces las personas sobrepasamos a la población canina de manera infinita. Hombres que pegan a sus mujeres, mujeres que maltratan a sus hijos, hombres y mujeres que abandonan a sus viejos. Por no mencionar la terrible, aceptada violencia contra los animales: las alegres fiestas patrias en las que se defenestran cabras, se apalean burros, se acuchillan terneros, se arrancan cabezas de patos a tirones. ¿Y por qué no hablar de los perros? Abandonados, golpeados, muertos de hambre, utilizados para peleas y para experimentos muchas veces inútiles. No, no se han rebelado, aunque hubieran debido hacerlo. Pero los pobres chuchos son demasiado leales, demasiado dóciles.

 

Por otra parte, es posible que en los últimos tiempos haya aumentado el número absoluto de accidentes violentos protagonizados por perros. Primero porque ahora hay muchos más ejemplares domésticos: se han puesto de moda como mascota. Pero sobre todo porque esa moda no ha traído una mayor conciencia social sobre los derechos de los animales. Muchos compran un cachorro a sus malditos niños como si se tratara de un juguete, y luego lo arrojan a la calle pocos meses más tarde, sorprendidos de ver que el bicho crece y come y mea y les lame y demanda cariño, en vez de comportarse decentemente como un perro de trapo. Esos cachorros despojados, olvidados, maltratados y traicionados pueden, sin duda, desequilibrarse, y tal vez llegar a morder cuando no deben; pero más desequilibrados aún están todos esos perros que fueron comprados no ya como un juguete, sino como un arma. Me refiero a la creciente paranoia urbana, y a los flamantes propietarios de los no menos flamantes chalés adosados. Muchos de ellos desprecian o temen a los animales y no tienen ningún interés en intimar con ellos; pero se compran un perro para que les defienda las propiedades, y lo mandan educar para el ataque (un adiestramiento a menudo feroz que les desquicia), y lo mantienen todo el día en el exterior del maldito chalé atado por el gaznate a una cuerda muy corta, sin mirarle, sin pasearle, sin acariciarle, sin hablarle. Como quien entierra una mina explosiva en el jardín: y el animal se puede convertir así, en efecto, en una máquina de matar. El perro es un ser social y para poder vivir necesita estar con su manada: esto es con otros ejemplares de su especie, o si no con esos perros sustitutos que somos los amos. El animal que es mantenido atado a una caseta, separado de todos, aislado de cariño y de contacto, está siendo sometido a un suplicio psicológico para él insufrible. ¿Que hay perros que atacan y que matan? No me extraña: les estamos torturando y volviendo locos.

 

España es un país especialmente brutal en el trato con los animales. Al escribir esto, en el barrio del Pilar de Madrid hay instalado un tiovivo con caballitos enanos de verdad. Están atados en parejas a unas barras, con las cabezas fuertemente sujetas a los hierros para que no puedan volverse y asustar a los niños que les cabalgan. Así, con el cuerpo totalmente inmovilizado, rodeados de luces cegadoras y de un estruendo horrendo, con calor y sin agua, los caballitos dan vueltas y vueltas durante todo el día. Y una multitud de padres felices montan a sus hijitos en los lomos, sin darse cuenta de que les están enseñando a divertirse siendo crueles. En una sociedad como la nuestra, tan salvaje e inconsciente con los animales, sólo nos faltaba una campaña periodística como la de los perros asesinos. Porque esas noticias infunden miedo a los ignorantes, y el miedo siempre genera violencia defensiva. O sea, aún más violencia contra los perros. Seguimos perpetuando la barbarie.

 

 

 

 

 

LA VERDAD - Domingo, 18 mayo 2002 LA ZARABANDA
 

Que se joda el perro ¿no?

 

JOSÉ GARCÍA MARTÍNEZ

 

Va uno cumpliendo años y, por lo mismo, ya no se sorprende de nada. Si será como digo que, cuando me enteré de que el hijo de Sadam se había llevado mil millones de dólares, me dije: «Lo peor es que el muchacho tendrá que dividir entre tres».

 

- Usted lo dice por su padre y por su hermano.

 

Efestivamente. Lo que voy a contar, en cambio, estoy más que harto de verlo, pero, nada, no acabo de superar la sorpresa. Y me pregunto a mí mismo, a solas: «¿Puede haber tanta maldad en el mundo?».

 

Hablamos de un anuncio de la tele. Lo explicaré someramente, pues resulta demasiado desagradable entrar en detalles. Esto es una mujer que saca del armario una loncha de jamón de ese cocido o similar. Y cuando se la va a meter en la boca, se le cae. Un perro que estaba más allá y que se había arrimado a la olorcia, viendo que la mercancía acabará en el sucio suelo, corre hacia donde está la señora (o, por mejor decir, hacia donde vuela la loncha).

 

- ¡Qué emocionante!

 

Pues espere y verá. La mujer, viendo venir zumbando al perro con intención clara de trincar la loncha en el aire, ¿qué dirás que hace?

 

- Que, como está más cerca, recupera la carne antes de que llegue el perro.

 

Frío.

 

- La coge ella con la mano y se la da en la boca al animalico.

 

Frío. Ya veo que ni lo imaginan. ¡Pero, coñe, si tienen que haberlo visto el spot este que digo. Pues bien: la individua, que ve llegar flechado al perro, abre con el pie un cajón del armario, y el animal, que no se lo esperaba...

 

- ¡Ostras, que me lo veo venir!

 

Claro que se lo ve usted venir: como la dama saca el cajón con tanta rapidez y en el momento más oportuno, el perro se pega un trompazo verdaderamente inmisericorde.

 

- ¿Me está insinuando que debería intervenir la Protectora?

 

Veamos. Si el anuncio tiene truco y en la realidad al perro no le pasa nada, a lo mejor a la Protectora le da igual. Mas, tal como yo lo veo, no sólo hay que considerar el daño del perro, sino que también cuenta y pesa el que se le produce al telespectador.

Sobre todo si ese espectador es un loco bajito

 

 

 

 

El Mundo - Viernes, 23 enero 2004 LA ULTIMA


Ancianos y Animales

 

LAZARO COVADLO

 

Coincido con el enunciado de una organización dedicada a la defensa de los animales no humanos: «Cuando abandona un animal porque ya no 'le sirve', sus hijos aprenden la lección. Quizás hagan lo mismo con usted cuando sea un anciano».

Noten que he puesto «animales no humanos», pues quiero dejar en claro que me refiero a bichos diferentes de los que integran nuestra especie. Según los últimos criterios taxonómicos, existen tres grandes grupos animales: los no humanos, que serían las serpientes, cucarachas, perros, gatos, peces, gallinas y un interminable etcétera; los animales humanos, como un servidor y muchos de ustedes, que me leen, y, por último, los animales inhumanos, que vendrían a ser todos aquellos que abandonan en plena vía pública a perros, gatos y ancianas.

 

No sé si la pareja de jóvenes que abandonó a la abuela, sentada en una silla, a la puerta de la casa de una de las hijas de la anciana, habría aprendido las artes del abandono y el desafecto en la niñez al ver que los padres desamparaban animales no humanos. Tampoco sé si los hijos e hijas de la abandonada pudieran haber tenido la misma aleccionadora experiencia en sus respectivas infancias. De lo que sí estoy seguro es de que todos ellos deben pertenecer a la especie de animales inhumanos.

 

Dicen que la abuelita sufría locura senil. Tal vez sea cierto, pero ¿quién nos asegura que los abandonadores no sufren locura juvenil o cualquier otra disfunción mental y/o moral? Ahí lo dejo, por si la supuesta merma de discernimiento pudiera servirles de atenuante.

 

Hay en toda Cataluña muchas residencias geriátricas, la mayoría de pago. Al parecer, a ningún deudo de la anciana se le ocurrió depositarla en uno de estos centros. La pela es la pela (ahora el euro, pero ya me entienden). Sí, la pela es la pela, y los animales inhumanos abandonan perros, gatos y abuelos, pero no descuidan los dinerillos. Existen en toda Cataluña residencias geriátricas y refugios de animales. Menos de éstos, pese a que son abandonados más animales que ancianos. Pero no desesperéis, inhumanos, a este paso las cifras se igualarán. En todo caso, un informe de la Fundación Affinity señala que nuestra comunidad ostenta el segundo puesto en cuanto al abandono de perros durante el año pasado (13.300). La precede Andalucía (18.000), y la sigue Madrid (11.450).

 

Los geriátricos son noticia con mayor frecuencia que los refugios caninos. Este mismo mes, en Calella de la Costa, fallecieron dos ancianos al incendiarse la habitación que compartían en la residencia La Maresma de Calella (este diario, sábado 10). Al parecer uno de ellos se durmió fumando. Tal vez la desgracia pueda fortalecer la campaña contra el tabaco, pero ¿quién le niega la satisfacción de fumar a un anciano al que ya pocos placeres le son accesibles?

 

En Santa Margarida i els Monjos, que es la localidad en la que los inhumanos abandonaron a la anciana, hay una hermosa iglesia parroquial (actualmente en mal estado de conservación), que se presume data de finales del primer mileno. Pero no existe, que yo sepa, ninguna residencia geriátrica (corríjanme, por favor, si estoy desinformado). Sí las hay en la vecina Vilafranca del Penedès. También en Sitges, donde resido. Tengo una justo frente a mi estudio, y me saludo con muchos de los viejitos y viejitas que salen a dar una vuelta por el barrio.

 

En lo que hace a sanciones, Federico Jiménez Losantos hace hincapié en que en España resulta más barato abandonar una anciana que un perro. A mí también me parece horrible, pero en la misma columna el lúcido pensador liberal afirma que se puede amar a los animales y a las personas, pero él no cree que lo uno traiga lo otro.Acaba diciendo que «en la práctica, y aunque las generalizaciones son injustas, sucede al revés».

 

Aquí es donde discrepo. La simplificación de que el apego a los animales sustituye el amor a la humanidad es, en lo que hace a mi experiencia, una fórmula típicamente leninista. Me acuerdo de que en mi adolescencia izquierdosa los compañeros avezados se burlaban de la «sensiblería» burguesa consistente en querer a los animales no humanos. Era propio de la utopía marxista, que acariciaba el ideal de una humanidad sin clases que dominara la naturaleza para ponerla a su servicio (¿fascismo de especie?). Milan Kundera lo expresa muy bien en La insoportable levedad del ser, novela en la que refiere cómo las autoridades comunistas promovían primero la matanza de palomas, seguían con la persecución de los perros, y acababan ensañándose con los humanos.

 

 

 

 

 

Diari de Balears - Viernes, 8 marzo 2002

 

Ètica i cans perillosos

 

Miquel Piris

 

Fa uns dies que mantenc una «discussió» francament amistosa a través d'email amb uns amics que es dediquen a la noble i necessària tasca de defensar els animals. Els intent convèncer que hi ha cans que una persona no hauria de poder tenir, aquells que s'han qualificat de «cans perillosos». Ells em diuen que el problema no són els cans, que només hi ha amos perillosos. Jo els don tota la raó, però que això no és un obstacle per pensar el que pens. Em vaig decidir a escriure'ls després d'escoltar el testimoni d'una de les darreres víctimes d'un atac a mandíbules d'un pitbull i un pastor alemany. Amb les cames embenades i tot el cos ple de marques (li van haver de posar 40 punts que aviat és dit) aquest corredor de marató explicava que l'atac havia tengut lloc al mig d'un bosc a Figueres. Cap dels dos cans duia murrió, ni tan sols collar. L'amo va veure com va començar l'agressió i va intentar aturar–la. Cridava i pegava als seus cans amb una branca, però aquell a qui en teoria havien de creure no va poder fer res. Segons la víctima, «el pastor alemany anava retirant–se de tant en tant. Però el pitbull no aturava el seu atac per res. Em vaig poder començar a defensar quan vaig aconseguir agafar una pedra de terra prou grossa. Llavors vaig començar a pegar–li amb ella a la cara al pitbull. Però ni així deixava de mossegar–me. L'amo dels cans tampoc podia fer res per aturar–los». Uns dies abans d'aquest succés, una cartera de Matadepera va perdre el seu nas per les mossegades que li varen fer a la cara dos pitbulls. Li van arreglar amb operacions de cirugia estètica emprant pell i carn dels seus braços. Ella diu que no odia els cans, que no li dona la culpa als animals, però que algú hauria de vigilar els amos.

 

Tot i que la llei diu que per tenir un d'aquests cans s'ha de presentar un certificat d'aptitud psicològica, l'administració no té control dels propietaris de cans perillosos i la seva actitud. A España avui es permet la cria per particulars i el lliure intercanvi de qualsevol raça de ca. A Alemanya, per exemple, la cria per particulars està totalment prohibida i, en conseqüència, hi ha major control i menys cans abandonats que a Espanya. Precisament, l'abandó és un dels principals problemes que pateixen aquests animals i que centra gran part dels esforços d'aquells que treballen pel seu benestar. Cada pic estic més convençut que una persona només hauria de poder posseir un altre ésser viu en circumstàncies molt determinades. Tenir un ca no hauria de ser tan fàcil: qui el volgués hauria de demostrar un grau de responsabilitat suficient com per tenir la seguretat que aquell animal serà propietat d'algú amb dos dits de seny. Algú que, per posar un exemple quotidià, tendrà un grau de civisme suficient com per no deixar les merdes del seu ca a lloure al costat dels arbres i damunt les voravies esperant–nos perquè les trepitgem. Aquest problema, encara que sembli que no, té fàcil sol·lució: bastaria posar uns centenars o milers de multes, com quan ens havíem de posar el casc, i ja estaria (som llatins i sembla que no entenem altre llenguatge que el del càstig). El problema dels cans perillosos, en canvi, té una sortida més difícil: qui pot vigilar el tipus d'educació que se li dona a un animal durant tota la seva vida? Cada pic que un ca surt als mitjans de comunicació perquè ha atacat o inclús matat una persona, la imatge dels animals en general perd. I perd també un dels lemes dels qui defensen que els animals han de tenir, com les persones, una vida digna: «No existeix l'ètica pels humans. No existeix l'ètica pels animals. Només existeix l'ÈTICA».

 

 
 

 

 

Aizión aragonesa - Defensa y Bienestar animal

aizion_aragonesa@yahoo.es