Todos los ponies llevan un arnés en la cabeza, y éste
se encadena a una pieza metálica en forma de "Y" invertida
que a su vez está unida a un mecanismo giratorio en el techo.
Os podéis fijar en lo excesivamente sujeto que está el
arnés.
Dicha sujeción les impide a los ponies que puedan mover libremente
la cabeza, en ninguna dirección, por lo que no puede lamerse
ni realizar los movimientos naturales.
Se les impide tumbarse. Sus patas deben soportar su peso durante horas
sin posibilidad alguna de descansar.
Se les obliga a que si un niñ@ quiere subir a uno de ellos,
el resto debe dar vueltas también.
Se les impide relacionarse entre ellos. No pueden olerse, lamerse,
etc...
Se les obliga a andar durante horas sobre las planchas metálicas
que les han colocado en el suelo (todos sabemos que no es lo más
apropiado para sus pezuñas).
Se les provoca un constante estrés ya que se les obliga a soportar
durante horas ruidos con decibelios extremos (megafonías, gritos,
...) y luces molestas y artificiales.
No pueden comer o beber cuando lo necesitan o quieren, sino cuando
los animales humanos que los explotan lo deciden.